Paradigma: Revista de Investigación Educativa | Volumen 33 (2026) | Número 55 | p. 125-136

PARADIGMA

Revista de Investigación Educativa

Ensayo

La condición del sujeto y la vida moral en la sociedad digitalizada

The condition of the subject and moral life in digitized society

 

 _a,* Claudio Roberto Perdomo Interiano

_a cperdomo@upnfm.edu.hn. Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, Honduras. https://orcid.org/0000-0002-9832-1042

 

*Autor para correspondencia

https://doi.org/10.5377/paradigma.v33i55.23073

Recibido: 10 de marzo de 2026 | Aceptado: 10 de junio de 2026

Disponible en línea: junio de 2026

Creative Commons License

Artículo de la revista Paradigma: Revista de Investigación Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, Honduras. Esta obra está bajo una licencia internacional Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 (CC BY-NC-ND 4.0).

ISSN 1817-4221 | EISSN 2664-5033

Correo electrónico: paradigma@upnfm.edu.hn

 

Resumen

El objetivo de este ensayo es reflexionar sobre las condiciones sociodigitales y morales que configuran la existencia–presencia del sujeto en el mundo contemporáneo. El contenido se divide en dos apartados: acercamiento al mundo del nativo digital y la vida moral del sujeto en la sociedad digitalizada. En su construcción se utilizó el enfoque hermenéutico–fenomenológico y metodológicamente se empleó la técnica de análisis de discurso. En las conclusiones se establece que la identificación y el análisis de categorías sociodigitales como la datificación de la vida y los fenómenos derivados de la naturaleza arquetípica que ostenta el algoritmo social, provocan que el dato se constituya como fuente de revelación e iluminación existencial y como un activo importante en el modelo económico que se implanta en la sociedad digital. Asimismo, se plantea el análisis crítico sobre situaciones que pueden provocar la pérdida de la autonomía, la manipulación de la conciencia o la invasión de la privacidad del sujeto.

Palabras clave: nativo digital, datificación, algoritmo social, consentimiento informado, autonomía moral

 

Abstract

The aim of this essay is to reflect on the socio-digital and moral conditions that shape existence-presence of the subject in the contemporary world. The content is divided into two sections: an approach to the world of the digital native and the moral life of the subject in digital society. The hermeneutic-phenomenological approach was used in its construction, and the discourse analysis technique was employed methodologically. The conclusions establish that the identification and analysis of socio-digital categories, such as the datafication of life and the phenomena derived from the archetypal nature of the social algorithm, cause data to become a source of existential revelation and illumination, and an important asset in the economic model implemented in digital society. It also raises critical analysis of situations that can lead to the loss of autonomy, the manipulation of consciousness, or the invasion of the subject's privacy.

Keywords: digital native, datafication, social algorithm, informed consent, moral autonomy

 

Introducción

Las formas de comprender el mundo en que vivimos y los estilos de vida que emergen en los espacios y tiempos que caracterizan a nuestra época, provocan cambios radicales en las ideas, creencias, prácticas y en los valores que tradicionalmente se han utilizado como referentes para dotar de sentido a la existencia del ser humano y para orientar sus intervenciones en los diferentes ámbitos socioculturales en que vive, convive, trabaja y transforma su existencia.

Desde este punto de partida cabe recordar que hace algunas décadas, en los estudios realizados por Toffler y Toffler (1999) se formularon predicciones sobre las cualidades de los procesos de transformación que ocurrirían en el futuro inmediato de la vida de las personas.

Una nueva civilización está emergiendo en nuestras vidas. Esta nueva civilización trae consigo nuevos tipos de familia; formas distintas de trabajar, amar y vivir, y más allá de todo esto, una conciencia asimismo diferente.

La humanidad se enfrenta con un gran salto hacia adelante. Tiene ante sí la conmoción social y reestructuración creativa más honda de todos los tiempos. (p. 21)

De ahí que, en esta realidad de consistencia global también se revelen y construyan nuevos temas que se constituyen como puntos de focalización de la investigación filosófica contemporánea, particularmente, en el terreno de la ética aplicada, como disciplina desde la que se puede repensar el humanismo como categoría inacabada y abierta a las preguntas fundamentales sobre la existencia del ser humano, para lo cual, es necesario considerar los giros y las tendencias que se manifiestan en el mundo.

En tal sentido, nuestro tiempo puede ser comprendido como un escenario de rupturas generacionales producidas por el advenimiento y la práctica de otras formas de existir y coexistir donde los avances de la tecnología, y sus usos, influyen sobre la vida moral de las personas.

Existen estudios previos relacionados con el objetivo de este ensayo, entre estos se puede mencionar el análisis sobre la identidad del homo digitalis Han (2014), los planteamientos sobre la datificación de la vida de Suárez (2023), la publicación de Clotet Sulé (2023) con respecto a lo que denomina futuro algorítmico, los problemas éticos fundamentales que afectan a la gestión de big data abordados por Colmenarejo Fernández (2017), las características de los algoritmos y sus implicaciones éticas en la vida de las personas expuestas Monasterio (2017); así como, el estudio crítico realizado por Cortina (2012) sobre la ética de las neurociencias y la incidencia que las lecturas cerebrales pueden tener sobre el derecho a la intimidad.

El objetivo general de este ensayo consiste en reflexionar sobre las condiciones sociodigitales y morales que configuran la existencia–presencia del sujeto en el mundo contemporáneo, en el cual se busca evidenciar cómo la integración del sujeto en los entornos digitales (existencia) y las intervenciones autónomas y/o controladas que realiza (presencia) influyen y condicionan su forma de vivir. Así mismo, en el estudio se plantean dos objetivos específicos: identificar las categorías sociodigitales que reconfiguran la identidad del sujeto en la sociedad digital y analizar la incidencia de la datificación en la vida moral del sujeto.

Para realizar este estudio, se utilizó el enfoque hermenéutico–fenomenológico y metodológicamente, se empleó la técnica de análisis de discurso. En consecuencia, se utilizó el recurso de intertextualidad desde un enfoque interdisciplinario que incluye los aportes de autores del campo de la ética, ontología y antropología de la cultura digital. A partir de este, se identificaron y analizaron categorías como: el sujeto, la vida y el tiempo; datificación de la vida, algoritmo social, integración en las redes sociales, autonomía moral, consentimiento informado y privacidad.

 

Desarrollo y discusión

Acercamiento al mundo del nativo digital

La humanidad asiste a una época de revoluciones concurrentes que se suscitan en las distintas dimensiones de la realidad globalizada, cuyo punto de origen aparece y desaparece vertiginosamente y, por tanto, causan vértigo, sobre todo, a las personas que nacieron en la era predigital y que deben transitar por la asimilación cibercultural de la que se derivan nuevos valores y comportamientos sociales, o ser empujadas hacia los procesos de cambio que provocan la recomposición de su existencia.

El nuevo siglo ha marcado un tiempo de transiciones, espacialmente descentradas y cronológicamente perecederas. Los modelos en los que se ha sostenido la vida familiar, laboral y las relaciones sociales en su conjunto, sufren la tensión entre el estadio conservativo y los estadios irregulares producidos por el movimiento fugaz de los cambios que se derivan de los descubrimientos científicos, el desarrollo tecnológico y la competitividad económica.

Toffler y Toffler (2006) habían anticipado el impacto de las aplicaciones de la ciencia y la tecnología sobre las actividades económicas al mencionar el advenimiento de nuevos procesos productivos en la agricultura, donde la intención primaria de cosechar alimentos se acompaña del objetivo de obtener otro tipo de productos con base en la química orgánica y la física, el control intencional de las funciones del sistema nervioso, así como los descubrimientos en el campo de la eugenesia, la asistencia médica personalizada, el surgimiento de fuentes de energía hasta el momento desconocidas, formas de pago más ágiles y selectivas, nuevas fuentes de aprendizaje, armas no letales y uso del dinero desde distintas lógicas financieras.

El sujeto ha pasado a formar parte de una civilización deslumbrada, que experimenta la paradójica condición existencial del temor y el gozo por lo extraño y lo novedoso. El aprendizaje y la experiencia cotidiana se reinventan para lograr ajustes momentáneos a través de los cuales se pretende comprender el sentido multiexpresivo de lo real y lo virtual. El ser humano, la vida y el tiempo son concebidos a través de una semántica versátil en la que se proponen definiciones, identidades y en ciertos casos, nuevas ideas que se manifiestan en la actividad impetuosa que se genera en el mundo. De esta manera, también es posible construir distintas representaciones sobre quién es el sujeto, qué caracteriza a la época en que vivimos y cuáles son los atributos que se le asignan al tiempo en el ordenamiento de la existencia humana.

En su libro La era del acceso, Rifkin (2000) comparte algunas de las interpretaciones sobre los procesos de cambio que están ocurriendo en la realidad globalizada. Entre éstas destaca:

·         Los mercados van dejando sitio a las redes y el acceso sustituye cada vez más a la propiedad, al capital físico, que en su momento fue el núcleo del modo de vida industrial.

·         Avanzamos hacia un nuevo período en el cual se compra cada vez más la experiencia humana en forma de acceso a múltiples y diversas redes en el ciberespacio.

·         Las nuevas redes globales de comunicación digital, debido a que son omnipresentes e integrales, tienen el efecto de crear un espacio social nuevo y totalizador.

El movimiento del mercado desde los espacios físicamente delimitados al firmamento de las redes en las que se ensayan nuevas formas de compra–venta de productos, así como el surgimiento de actitudes convulsivas hacia el consumo, el drástico vuelco del sentido de la propiedad y de la normativa que posibilita su aseguramiento; forman parte de la continua recomposición de la vida social y económica en la que coexisten los inmigrantes y los nativos digitales.

En el acceso a las redes pareciera como si se suscitara el abandono del sujeto de su condición mundana para encarnarse en los extravíos que provocan formas placenteras de existencia. Rifkin (2000) afirma:

La era del acceso llega con un nuevo tipo de ser humano. Los jóvenes de la nueva generación proteica se encuentran muy cómodos dirigiendo negocios y desarrollando su actividad social en los mundos del comercio electrónico y el ciberespacio. El suyo es un mundo más teatral que ideológico y más orientado por un ethos del juego que por un ethos del trabajo. (p. 9)

El trabajo como proceso de naturaleza antropológica comparte su intencionalidad, instrumentación y finalidades con las máquinas, dándose la asombrosa ductilidad en las funciones laborales, las cuales son multiformes y crecientes. Las imágenes de los formatos de trabajo ocultan el agotamiento causado por jornadas en las que se deben cumplir metas productivas, predecibles e impredecibles, donde las personas deben reeducarse continuamente para no ser expulsadas del escenario en el que actúan. “Las personas del siglo XXI se perciben a sí mismas tanto como nodos insertos en una red de intereses compartidos como agentes autónomos en un mundo darwiniano de supervivencia competitiva.” (Rifkin, 2000, p. 9)

Al hacer referencia al Yo teatral en la sociedad de la improvisación, Rifkin (2010) afirma:

Hoy en día, los jóvenes están sentados frente a una pantalla o dentro de ella; pasan gran parte del día en mundos virtuales en los que escriben múltiples historias, dirigen sus propias interpretaciones y coreografían prácticamente todos los aspectos de sus vidas, con la esperanza de que millones de personas inicien sesión en la red y los sigan. (p. 548)

Los jóvenes de esta época experimentan la necesidad de adaptar y recrear su identidad personal en la aparente homogeneidad del cosmos cibernético. En este estado psicosocial crece el anhelo por el reconocimiento y los laureles de la corona están representados por el número de seguidores, el número de me gusta, la cantidad de solicitudes de amistad, los comentarios positivos y hasta los mensajes que muestran la adulación como un culto nuevo a la persona. Esto ocurre en un tiempo de espera inmediato e impaciente, donde el sentido del tacto desafía al gobierno de la Razón y donde el sujeto se dispone a establecer relaciones con interlocutores desconocidos, sin cálculo ni sigilo. Y es que, asistimos a un momento histórico que podemos denominar como la Era de la intemperancia.

Han (2014) afirma que:

El homo digitalis es cualquier cosa menos nadie. Él mantiene su identidad privada, aun cuando se presente como parte del enjambre. En efecto, se manifiesta de manera anónima, pero por lo regular tiene un perfil y trabaja incesantemente para optimizarlo. En lugar de ser nadie, es un alguien penetrante, que se expone y solicita la atención. (p. 15)

Se puede afirmar que se trata de una identidad integrada o una forma de disolución en la que el sujeto se separa del yo mismo para convertirse en un yo con los demás, desde una soledad compartida, donde está atento para realizar la lectura de lo que otros escriben usando imágenes y frases divertidas, ahogando el rigor y petrificando la normativa del lenguaje. Esto genera una nueva forma de lealtad y la necesidad de mantener la correspondencia como el deber ser de la vida en la red. Así, la existencia se ratifica por la condición de no ser - ignorada.

Entre tanto, Aparici (2010) afirma que:

En cierto modo, cada cibernauta realiza y desarrolla una puesta en escena de su propia existencia o de su grupo de pertenencia. Se exhiben cualidades reales o inventadas, se crea una segunda o tercera vida y, como los falsos documentales, se ficcionaliza la propia vida. (p. 26)

La sociedad digitalizada se puede entender como un modo de vivir en el que la realidad se evade para ser reinventada, donde el objetivo de las personas es mantenerse integradas en la red. Además, la fantasía que antes estaba adscrita a los artistas, poetas y escritores de fábulas, aparece objetivada entre las imágenes y los mensajes de la red. Los individuos ya no creen en el destino como condición necesaria de su existencia ya que son dominados por la providencia presentista que los obliga a develar sus emociones y anhelos de reconocimiento como miembros que comparten el difuso territorio del ciberespacio.

En la comprensión de las condiciones existenciales del sujeto de nuestro tiempo, se puede aludir a la ontología de Heidegger (1997, como se citó en Brito Pastrana, 2018) cuando afirma: “Esta imposibilidad de quedarse en lo que se está, funda un desarraigo vital que deja al Dasein en una existencia volátil y desvitalizada, carente de experiencia y propensa a hablar de todo no teniendo en realidad nada genuino que decir.” (p. 47)

Si bien, el análisis de Heidegger se enfocó en la condición existencial del sujeto en un contexto histórico distinto al que caracteriza el presente siglo, la evocación del Dasein como una de las categorías fundamentales de su concepción ontológica, posibilita sistematizar las reflexiones sobre la existencia humana, siendo la persona alguien que puede esconderse en sí misma, mostrarse en el mundo o explorar la posibilidad de desocultarlo. El sujeto arrojado en el mundo es también un ser que escapa de sí mismo y se abriga en un otro ser, en una forma diferente de existir, con el riesgo de perder uno de sus caracteres existenciales más identitarios, lo que en palabras de Heidegger (1971) es “ser-cada-vez-mío” (p. 52), debido a los enredos que causan las marañas de la imagen, lo sígnico y la frialdad algorítmica de los sistemas digitales.

Según Suárez (2023) “la digitalización impulsa la traducción de todo lo que ya existía y el nacimiento de todo lo nuevo en términos de una ontología que crea, presenta, transporta o almacena información mediante la combinación de bits” (p. 19). Desde esta perspectiva, el Ser y su Existencia se cuantifican, el bit pensado como nuevo ente, parece cobrar autonomía e indeterminación y puede convertirse en tantas cosas a la vez. Por tal razón, en la relación con él interesa más la utilidad de sus aplicaciones que su significado permanente en el espacio y el tiempo humano.

Para Suárez (2023) una de las consecuencias de la digitalización es la llegada de la época de los datos. “Esta datificación de la vida permite el tipo de análisis de big data que puede predecir patrones de comportamiento humano con precisión y exactitud hasta ahora desconocidos” (p. 27). Con esto aparecen dilemas morales sobre los beneficios que dichos procesos tecnológicos pueden traer para la educación, la biomedicina, el comercio, la convivencia y la comunicación; así como, la posibilidad de que surjan amenazas derivadas del uso de la información para manipular la conducta del sujeto en detrimento de la integridad, privacidad y autonomía personal. Por tanto, la datificación de la vida en su dimensión ontológica ha transformado la existencia humana, convirtiendo al sujeto en un ser distinto; y en su dimensión moral, genera nuevos temas y problemas que son ineludibles para la reflexión de la ética contemporánea.

Al referirse al futuro algorítmico, Clotet Sulé (2023) afirma:

Transferimos capacidades a la IA que, alimentada por ingentes cantidades de datos infectados con nuestros sesgos, nos hará dudar cada vez más sobre lo que es correcto, cierto o real. Palabras, imágenes o sonidos generados por IA nos confundirán y nos costará cada vez más diferenciarlos de la realidad, o al menos la realidad que cada uno vemos. (p. 27)

El imperio de los datos también se manifiesta en sus vertientes políticas, como forma de poder y dominación que mantiene entretenido y sometido al pensamiento, creando la subjetividad esparcida en una cantidad innumerable de formas de extraña composición psicológica y moral. De esta manera, el sujeto confundido padece el sufrimiento de no poder saber con claridad sobre sí mismo y dependerá cada vez más del dato como fuente de revelación e iluminación existencial.

En este mismo estudio, Clotet Sulé (2023) afirma que “el trabajo no es un sitio ni un lugar, es un estado” (p. 107). Así, se desmoronan las formas de control basadas en la presencialidad como obligación del trabajador y se definieron estrategias de gestión que apuntaron más a la eficacia en el logro de las metas empresariales y en la evaluación del rendimiento del trabajo que se desempeña.

Una modalidad de trabajo con nombre inspirado en el ámbito musical (Gig = bolo). Describe el modelo en que trabajadores autónomos o contratistas independientes realizan tareas o proyectos de corto plazo. Suelen ser profesionales sin un contrato laboral tradicional que trabajan para varias empresas al mismo tiempo. Transporte de pasajeros, reparto a domicilio, servicios de reparación, programadores, consultores, el abanico es amplio (Clotet Sulé, 2023).

El modelo económico Gig que se abre ante la experiencia laboral de los inmigrantes y los nativos digitales, es un espacio operativo novedoso donde se transforman las lealtades en la relación que se establece entre empleadores y empleados, o entre las personas que pagan por los servicios o productos, y quienes los suministran. El resultado afectivo causado por la satisfacción del cliente enrola la posibilidad de volver a establecer estas relaciones y a multiplicarlas exponencialmente, lo que también exige de la renovación constante de los diseños, los productos y las estrategias para mantener convencidos a las personas sobre la necesidad de su consumo.

En el mundo del nativo digital, la actividad laboral se da en circunstancias en las que lo cotidiano ya no es solo lo ordinario sino, además, algo que se desarrolla en la continua recomposición del movimiento desbocado que es causado por las situaciones extraordinarias. En consecuencia, el trabajo se realiza en un escenario de revelaciones ininterrumpidas, que requieren ser interpretadas para lograr el desarrollo de habilidades para adaptarse al cambio, construir escenarios alternos, innovar las prácticas y estrategias, así como establecer vínculos socioafectivos con compañeros, clientes y usuarios de manera pertinente.

En el análisis sobre la inteligencia colectiva en la sociedad global, Lévy (2007) resalta algunas de las repercusiones de la digitalización del trabajo y de las relaciones sociales en la vida de las personas. Para el caso, la inmersión excesiva en el uso de las pantallas puede provocar lo que él denomina sobrecarga cognitiva, la cual, puede llegar a afectar tanto los estados mentales como emocionales de los individuos. También alude a la dependencia que se manifiesta en la adicción a la navegación o al juego en mundos virtuales, lo que es cada vez más común en la vida de los nativos y los inmigrantes digitales.

Lévy también analiza las formas de dominación y control que las potencias económicas ejercen sobre las personas que utilizan los recursos que propician las redes y otros dispositivos tecnológicos. En este sentido, las empresas multinacionales ofrecen a los usuarios diferentes formas de acceso a las redes de manera gratuita o efectuando el pago correspondiente, pero sin perder de vista las condiciones que norman la permanencia en ellas, entre las cuales se destaca el derecho a usar los datos que cada usuario proporciona como parte del contrato que se debe celebrar para ser parte de la sociedad digital. En algunos casos, los nativos e inmigrantes digitales también pueden ser víctimas de lo que Lévy considera como la explotación en el trabajo vigilado debido a la precisión de los controles disponibles en los sistemas digitales.

La vida moral del sujeto en la sociedad digitalizada

El advenimiento de la cultura digital puede ser concebido como el resultado del desarrollo científico y tecnológico alcanzado por el ser humano en el actual momento histórico. Así mismo, puede ser comprendido como una forma de objetivación de sus facultades creadoras, con un valor exclusivamente instrumental, en el que se destaca su utilidad práctica en la solución de problemas y que, consecuentemente, se haya desprovisto de juicios de valor sobre lo que pueda ser moralmente correcto o incorrecto en torno a su contenido y finalidades.

Sin embargo, en la medida que diversas actividades humanas son cada vez más digitalizadas y que sus usos se justifican por el interés fundado en las razones estratégicas de los grupos de poder que son propietarios de las empresas multinacionales que manejan y explotan los recursos tecnológicos de la información y la comunicación, surgen nuevos conflictos morales que no alcanzan a ser comprendidos desde los principios y modelos éticos que han estado vigentes a través del tiempo.

Los nuevos problemas morales que surgen en las condiciones existenciales del ser humano en la era digital provocan la formulación de interrogantes sobre el sentido de la comunidad moral, su identidad y sus límites. Entre tanto, muchos de estos problemas se manifiestan en cuestiones que inicialmente parecían ostentar connotaciones moralmente neutras, como es el caso de la difusión de la información o el manejo de los datos de las personas.

En el estudio sobre los problemas éticos fundamentales que afectan a la gestión de big data, Colmenarejo Fernández (2017) afirma:

El tamaño y omnipresencia de estas grandes colecciones de datos están forzando nuevas cuestiones relacionadas con nuestra identidad, los cambios en nuestra valoración de la privacidad y la intimidad, el significado real de poseer/controlar datos propios y ajenos, y sobre cómo gestionamos nuestra reputación, tanto en modo online como offline, una vez asumido que nuestros datos online no solo la afectan, sino que de hecho la moldean y conforman cada día. (p. 39)

La naturaleza formal y empírica de los datos que las personas ceden “voluntariamente” a cambio de tener la oportunidad de acceder a las redes, se convierte en una fuente de problemas y conflictos en los que la reflexión ética integra las intenciones y consecuencias de los actos morales derivados de sus usos. Así mismo, la invasión de la privacidad en la vida moral del sujeto lo condiciona a permanecer en una situación de riesgo que desborda su voluntad y autonomía.

Se puede asumir que los datos compartidos son una forma de enajenación en la que inicialmente, el sujeto renuncia a su derecho a la intimidad, sin sospechar que una de las posibles consecuencias de este acto es que también está cediendo el poder para que otros influyan sobre sus decisiones en la vida moral. Quizá, esto sea parte de la cláusula del contrato que debe cumplir para experimentar el placer, la felicidad y el reconocimiento en los momentos de interlocución que se suscitan en las redes sociales.

En este sentido, Colmenarejo Fernández (2017) cuestiona hasta qué punto existe la transparencia en la información que el sujeto recibe para dar el consentimiento con respecto al uso de sus datos, o si es consciente de que es continuamente observado y vigilado por personas desconocidas. Así mismo, se puede valorar si los datos que se utilizan provocan la inclusión o la exclusión de las personas en el goce de algunos servicios que las empresas ofrecen en la sociedad.

Uno de los casos que se puede traer a colación, es el uso que algunas compañías dedicadas al negocio de los seguros médicos hacen de las bases de datos generados a partir de las consultas médicas, compras de determinados medicamentos en las farmacias, análisis clínicos, entre otros, como referentes para aprobar o improbar las solicitudes que las personas hacen con el propósito de atender sus problemas de salud y para lo cual, no se pide previamente el consentimiento de los pacientes.

Con respecto a las razones morales que se deben considerar para la protección de los datos de las personas, Van Den Hoven (2008 como se citó en Colmenarejo Fernández, 2017) expuso la relevancia que tiene la prevención del daño al “garantizar que las contraseñas de acceso a los sitios son seguras y que la geolocalización no es activada por los dispositivos sin el consentimiento del usuario” (p. 49).

Su análisis crítico también apunta a las implicaciones que tiene la conversión de los datos personales en mercancías, constituyéndose en el activo fundamental del capital de las empresas y en el que resalta el desconocimiento que al respecto pueden tener millones de usuarios de las redes sociales diseminados en el mundo. Así mismo, alude a los problemas morales que se derivan de la injusticia informativa y la intrusión en la autonomía personal, lo que atenta contra los derechos fundamentales que el sujeto tiene como miembro de la comunidad moral.

Lazer y Bakshy (2015, como se citó en Colmenarejo Fernández, 2017) “advirtieron de aquello que denominaron el advenimiento del algoritmo social y de las consecuencias que estaba teniendo su implantación en las redes sociales más populares como Facebook y Twitter” (p. 49). De esta manera, la secuencia de operaciones lógicas que constituyen la estructura de los algoritmos pierde la pureza formal al impregnar los procesos de comunicación de reglas que sirven para analizar y clasificar el contenido de los mensajes, noticias u otro tipo de publicaciones que se comparten en las redes sociales. Es decir, los algoritmos son contextualizados a través de los espacios sociales y culturales creados digitalmente, para posibilitar las interacciones reales entre las personas, quienes consciente o inconscientemente deben seguir los patrones que controlan los flujos de información que se comparten en las redes.

En el ensayo sobre Ética algorítmica: implicaciones éticas de una sociedad cada vez más gobernada por algoritmos, Monasterio (2017) distingue tres características de los algoritmos “universalidad, opacidad e impacto en la vida de las personas” (p. 196). La primera de estas propiedades implica el reconocimiento de cierta forma de omnipresencia o el uso simultáneo de los algoritmos en muchos lugares donde se desarrollan las actividades económicas, educativas, científicas y de otra índole.

Se puede interpretar que el algoritmo sale de su encapsulamiento lógico–matemático para rondar en el mundo, encarnándose en la vida moral, no como un aditamento externo, sino como una condición existencial que modifica los patrones de conducta y condiciona las elecciones morales.

La opacidad se presenta porque “a pesar de que los algoritmos están en todas partes y gobiernan múltiples esferas de nuestra vida y trabajo; estos están ocultos, son invisibles” (Monasterio, 2017, p. 196). En el mundo, muchas personas usan dispositivos, descargan aplicaciones, acceden a las redes, buscan información, realizan negocios y tantas cosas más, pero para ellos es casi incognoscible el significado y aplicación de las estructuras algorítmicas como trasfondo arquetípico de la vida moral en las redes sociales. Es más, esto no interesa a los usuarios porque es un asunto que se deja a los expertos en la materia, que son personas al servicio de las empresas multinacionales constituidas como oligopolios en la economía de los datos.

Como parte de la impregnación recíproca entre la vida moral y las redes digitales, ocurren efectos sobre las personas en los que se dan formas de exclusión social, económica, así como en el derecho al acceso a la información.

Cuando procedimientos o protocolos automatizados (algoritmos) deciden por los seres humanos y encima lo hacen de manera sesgada y en contra de derechos y libertades civiles que las personas poseen, se produce un fenómeno ético particular: el daño causado tiene difícil identificación para rendición de cuentas y/o responsabilidad, la complejidad de la programación de los algoritmos impide corregir o enmendar (Monasterio, 2017, p. 197).

El carácter aparentemente impersonal de los algoritmos tiene así, la posibilidad de ocultar la responsabilidad por los daños y la ética de las buenas intenciones parece justificar cualquier evento o situación moral que se presente como resultado del uso de estos. No obstante, la genealogía de los algoritmos induce a pensar que estos dependen de las decisiones de los seres humanos. Es decir, del sujeto moral que los crea e instala como expresión de la voluntad o con el consentimiento dado a otras personas con las sostiene relaciones contractuales y a quienes vende su conocimiento especializado. Así mismo, en la referencia que Degli-Espionti (2023) hace sobre el reglamento para la protección de datos aprobado en la Unión Europea cuya aplicación obligatoria data del año 2018, se revela el interés por regular el uso de la información personal a través de la implementación de normativas preventivas y correctivas, con el objetivo de asegurar la autonomía, privacidad, el buen gobierno de los datos y la promoción de la transparencia.

De esta manera, al menos sería posible disuadir, ciertas formas de manipulación, abuso e invasión a la intimidad de las personas por parte de grupos de poder o por sujetos a quienes intento identificar con el constructo de ideo–tecnólogos al servicio de empresas multinacionales, o que personalmente pretenden lucrarse cometiendo actos que causan daño a los demás.

Se puede inferir que el debate ético sobre los problemas que se generan en la vida moral de nuestro tiempo aparece en circunstancias distintas a las acostumbradas, primariamente excepcionales, por la extraña relación que el sujeto establece con nuevos entes, máquinas inteligentes, personas desconocidas, lenguajes cosificados, normas supra convencionales, valores emergentes y situaciones que aparentemente gozan de indeterminación. Además, parece como si la conflictividad moral tiene como punto de origen el propio abandono que el sujeto ha provocado al desatender la fundación autónoma de las decisiones morales, el cumplimiento de tareas y de la producción de nuevos conocimientos. El sujeto entrega este derecho, compromiso y facultad a esos otros seres que reinan en el mundo digital, que se encarnan y llegan a condicionar el sentido de su existencia.

 

Conclusiones

La sociedad actual posee un sentido multiexpresivo en el que se revelan las manifestaciones de lo real y lo virtual como característica distintiva del mundo. En tal sentido, la identificación y el análisis de categorías sociodigitales como el de la relación que se establece entre el sujeto, la vida y el tiempo, se puede considerar como una de las vías metodológicas que se puede utilizar para obtener algún nivel de comprensión sobre su situación en la sociedad digitalizada, ya que éste necesita reinventarse para lograr coexistir en una época de transformaciones multidimensionales (científicas, culturales, tecnológicas y económicas). De esta manera, lo cotidiano se desdibuja para adoptar distintas apariencias, el tiempo convencional pierde su sentido ordenador debido al predominio de lo inmediato y la impaciencia se constituye como cualidad del perfil emocional y social de los nativos e inmigrantes digitales.

Como categorías sociodigitales, la datificación de la vida y los fenómenos derivados de la naturaleza arquetípica que ostenta el algoritmo social, ocasionan que el dato se constituya como una especie de entidad a la que el sujeto acude para comprender la vida, establecer mediaciones con el mundo y con los demás, intervenir en las distintas prácticas sociales y cumplir su anhelo de sentirse integrado en la comunidad digital.

Así mismo, el análisis que se llevó a cabo en este estudio permite afirmar que al suscitarse el desbordamiento de la naturaleza abstracta que inicialmente poseen los algoritmos, para transitar hacia las aplicaciones y las operaciones técnicas mediante las que se estructura la sociedad digitalizada, se da su conversión en lo que Lazer y Bakshy (citados anteriormente) denominan algoritmo social. Consecuentemente, se generan nuevos contextos socioculturales, modelos morales para la convivencia y las relaciones interpersonales, transformaciones en los procesos de trabajo, además de las posibles consecuencias sobre el ejercicio de la autonomía moral, el gozo de la privacidad y la conservación de la integridad de las personas.

En la sociedad digitalizada se producen nuevos significados en los principios, juicios y valores éticos. Así, la lealtad en las relaciones interpersonales que se establecen a través de las redes sociales puede valorarse por el nivel de atención y/o correspondencia en la comunicación con amigos y seguidores. De esta manera, se es en la medida en que se es reconocido y la condición moral del sujeto da vueltas entre el retorno continuo a las redes y la incertidumbre del provenir. Por tanto, aunque asuma la inevitabilidad de este acaecer, se atreve a construir continuas certezas para dialogar con la incertidumbre, desde su propia existencia y desde la sospecha sobre lo que viene dado en las redes digitales, convirtiéndose en un sujeto moral distinto y relativo.

Este estudio se propone contribuir en el desarrollo de nuevas dimensiones de la investigación en el campo de la filosofía y el pensamiento hondureño, ya que posiblemente se constituya como fuente generadora de interrogantes fundamentales que orienten la problematización ética y antropológica sobre la existencia del sujeto en la sociedad contemporánea, así como la participación crítica y propositiva de la comunidad académica en los diálogos y debates mundiales mediante los que se construye el humanismo de nuestro tiempo.

 

Referencias

Aparici, R. (2010). Conectados en el ciberespacio. UNED Editorial.

Brito Pastrana, R. (2018). Heidegger y la existencia propia: una ética para enfrentar la actual crisis planetaria. Ril editores.

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Colmenarejo Fernández, R. (2017). Una ética para Big data: Introducción a la gestión ética de datos masivos. Editorial UOC.

Cortina, A. (2012). Guía Comares de Neurofilosofía práctica. Editorial Comares.

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Han, B. (2014). En el enjambre. Herder.

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