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DOI: https://doi.org/10.5377/multiensayos.v12i24.23565

La identidad cultural como memoria viva en tiempos de paz y victorias desde la oralidad comunitaria

Cultural Identity as Living Memory in Times of Peace and Victory: A Community Oral History

 

Feliciana del Socorro Dávila Matute
Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, Managua. Centro Universitario Regional de Estelí, UNAN-Managua/CUR-Estelí, Nicaragua
https://orcid.org/0009-0007-5535-9220
feliciana.davila@unan.edu.ni

 

RECIBIDO

02/06/2026

ACEPTADO

07/07/2026

 

RESUMEN

El presente ensayo tiene como propósito analizar la importancia de la oralidad comunitaria en el fortalecimiento de la identidad cultural de los pueblos originarios nicaragüenses, visibilizando su contribución al rescate cultural, la preservación de prácticas, tradiciones y saberes que identifican, resignifican y fortalecen a las comunidades. Este rescate cultural, que configura la identidad de los pueblos con memorias imborrables, está en sintonía con el Plan Nacional de Lucha contra la Pobreza 2022-2026, la Estrategia Nacional de Educación en todas sus Modalidades «Bendiciones y Victorias» 2024-2026, así como con las políticas públicas impulsadas por el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional. La memoria y la historia viva constituyen más que un estandarte de dignidad en tiempos de paz y victorias revolucionarias; representan un legado ancestral que articula pasado, presente y porvenir. Asimismo, este escrito forma parte de una iniciativa vinculada a la culminación de la tesis doctoral requerida por la Universidad Internacional Antonio de Valdivieso (UNIAV-Rivas), desde un enfoque educativo y ecotransformador, en el cual las comunidades desempeñan un papel fundamental al erigirse como motores de cambio. En este marco, se vislumbra una educación formativa centrada en diversos procesos de aprendizaje, que trascienden el simple acto de aprender para reflexionar sobre cómo aprender, qué aprender y para qué aprender, integrando ideas transformadoras desde la sabiduría de nuestros ancestros y vinculándolas con la realidad presente y el futuro del pueblo nicaragüense.

PALABRAS CLAVES

Cultura; dignidad; emociones; identidad.

ABSTRACT

The purpose of this essay is to analyze the importance of community oral traditions in strengthening the cultural identity of Nicaragua’s indigenous peoples, highlighting their contribution to cultural revitalization and the preservation of practices, traditions, and knowledge that define, redefine, and strengthen communities. This cultural revival, which shapes the identity of these peoples through indelible memories, is in line with the National Plan to Combat Poverty 2022–2026, the National Strategy for Education in All Its Forms “Blessings and Victories” 2024–2026, as well as the public policies promoted by the Government of Reconciliation and National Unity. Memory and living history constitute more than a banner of dignity in times of peace and revolutionary victories; they represent an ancestral legacy that connects the past, present, and future. Likewise, this paper is part of an initiative linked to the completion of the doctoral thesis required by the Antonio de Valdivieso International University (UNIAV-Rivas), from an educational and eco-transformative perspective, in which communities play a fundamental role by establishing themselves as engines of change. Within this framework, we envision an educational approach centered on diverse learning processes that go beyond the simple act of learning to reflect on how to learn, what to learn, and why to learn, integrating transformative ideas drawn from the wisdom of our ancestors and linking them to the present reality and future of the Nicaraguan people.

KEYWORDS

Culture; dignity; emotions; identity.

 

INTRODUCCIÓN

 

La oralidad, como expresión viva de los pueblos, ha sido históricamente uno de los principales medios para transmitir conocimientos, valores, costumbres y tradiciones que fortalecen la identidad cultural de las comunidades. A través de relatos, experiencias compartidas y memorias colectivas, los pueblos originarios preservan su herencia ancestral, consolidando vínculos entre pasado, presente y futuro. En este contexto, el rescate cultural adquiere una relevancia fundamental, ya que permite salvaguardar prácticas y saberes que configuran memorias imborrables, esenciales para la reafirmación de la identidad, la dignidad y el sentido de pertenencia de las comunidades. No obstante, en escenarios contemporáneos marcados por transformaciones sociales y culturales, la preservación de esta memoria viva demanda mayores esfuerzos de fortalecimiento, reflexión y continuidad intergeneracional.

En correspondencia con esta necesidad, el rescate cultural se articula con diversos marcos nacionales orientados al fortalecimiento de la identidad, entre ellos: el Plan Nacional de Lucha contra la Pobreza y para el Desarrollo Humano 2022-2026 (PNLCP-DH 2022-2026), la Estrategia Nacional de Educación en todas sus Modalidades «Bendiciones y Victorias» 2024-2026, así como las políticas públicas vinculadas al Sistema Educativo Nacional (SEN) y a la Agenda de Investigación e Innovación (Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional [GRUN], 2021; Comisión Nacional de Educación, 2024).

Resulta de especial interés, reconocer las diversas iniciativas impulsadas por nuestros copresidentes de la República, compañera Rosario Murillo Zambrana y comandante Daniel Ortega Saavedra, quienes, desde las políticas públicas orientadas al fortalecimiento de la identidad nacional, desarrollan un trabajo permanente e ininterrumpido en favor del reconocimiento, preservación y prevalencia de las identidades de los pueblos. Estas acciones promueven de manera continua el rescate cultural como eje transversal a nivel de país, integrándolo en los ámbitos educativo, social y comunitario. Particularmente, en las nuevas generaciones, este compromiso se proyecta mediante estrategias formativas que fomentan en la niñez y jóvenes el amor por sus raíces, el reconocimiento de la memoria histórica, la valoración de las tradiciones y el fortalecimiento de la conciencia cultural como fundamento para la construcción de una ciudadanía con identidad, dignidad y sentido de pertenencia nacional.

Es por ello, que la juventud adquiere un papel estratégico, no solo como heredera de la memoria colectiva, sino también como protagonistas en la resignificación, preservación y proyección de la identidad cultural, convirtiéndose en agentes fundamentales para la continuidad de las prácticas ancestrales en escenarios contemporáneos.

Consecuentemente, este modo de aprendizaje, basado en la experiencia vivida y la interacción comunitaria, permite que las personas se entrelacen profundamente con la herencia cultural de sus pueblos. A través de este proceso, la transmisión de saberes, valores y prácticas ancestrales fortalece el sentido de pertenencia, identidad y continuidad histórica, favoreciendo que cada generación reconozca en su cultura una fuente esencial de formación humana y comunitaria.
En este sentido, la cultura se constituye como un eje fundamental para la sostenibilidad y el desarrollo de las regiones, al otorgar valor a aquello que se transmite de generación en generación. De esta manera, se arraiga la promoción del amor por la cultura como un sentimiento que se fortalece desde la acción comunicativa, el intercambio de experiencias y la construcción de nuevos conocimientos sustentados en la sabiduría ancestral, consolidando procesos educativos y sociales que dignifican la memoria colectiva (Moreno-López et al., 2020).

Desde esta perspectiva, el presente ensayo reflexiona sobre la oralidad comunitaria como memoria viva y herramienta formativa para el fortalecimiento de la identidad cultural de los pueblos originarios nicaragüenses, destacando su relevancia en la preservación de saberes ancestrales, la formación de nuevas generaciones y la consolidación de procesos educativos orientados al reconocimiento de la diversidad cultural.

Los saberes y las prácticas culturales también cumplen una función esencial en las interrelaciones territoriales, donde coexisten e interactúan diversas expresiones culturales que trascienden lo propio para dar paso a espacios de interculturalidad (Dávila Matute, 2024). En estos procesos, el intercambio entre culturas fortalece la capacidad de aprender, enseñar y resignificar conocimientos, favoreciendo la convivencia, la diversidad y el reconocimiento mutuo (Muñoz Gonzáles & Muñoz Flores, 2025).

Bajo un enfoque educativo y ecotransformador, la oralidad comunitaria trasciende la conservación de la memoria histórica, al constituirse en una estrategia pedagógica que favorece aprendizajes contextualizados, fortalece la conciencia cultural y promueve una relación armónica entre identidad, territorio y sostenibilidad.
El acercamiento entre diferentes culturas, el reconocimiento de la identidad, valorarse, aceptar y establecer relaciones distintas hacia la propia, así como los procesos de aprendizajes, la socialización y la convivencia. Los cambios culturales, se dan por la relación con otras culturas, algunos contactos han sido vistos como enriquecimiento cultural, porque permiten nuevas opciones e interpretación para la cultura propia; estos procesos, por lo general, son lentos e inconscientes, y que después de una reflexión posterior se puede apropiar o rechazar lo que sirve a una cultura (Ramírez, 2015). Así, la interculturalidad no solo favorece el intercambio de saberes, sino que también fortalece la capacidad de las comunidades para valorar su identidad, preservar su patrimonio y proyectar su legado cultural hacia las nuevas generaciones.

Por consiguiente, preservar la oralidad comunitaria implica no solo resguardar la memoria de los pueblos, sino también fortalecer procesos de transformación social, educativa y cultural que aseguren la continuidad de la identidad nacional en las generaciones presentes y futuras.

 

Desarrollo

 

En cuanto al legado vivo de nuestros pueblos originarios, La Gaceta Sandinista (2023) exalta que las culturas de nuestros pueblos originarios marcan todo nuestro presente, en la vida cotidiana, observamos muchas expresiones que están marcadas en nuestro inconsciente colectivo (en lo que sentimos y presentimos) y que recuerdan, sin pretenderlo, a las lenguas originarias. esa herencia ancestral, que nos vincula de forma indisoluble con la herencia ancestral de nuestros pueblos originarios (pp. 3-4).

Esta valoración del legado ancestral encuentra correspondencia con la Estrategia Nacional de Educación en todas sus Modalidades «Bendiciones y Victorias» 2024-2026, particularmente en el Eje 5: Historia e Identidad Nacional, el cual promueve el conocimiento, aprendizaje y apropiación de la historia de lucha y de los pueblos hermanos como fundamento para fortalecer el sentido de pertenencia, la identidad de nación y la defensa del patrimonio histórico y cultural (Comisión Nacional de Educación, 2024). De igual manera, el Plan Nacional de Lucha contra la Pobreza y para el Desarrollo Humano 2022-2026 (PNLCP-DH 2022-2026), reafirma la promoción de la cultura, las tradiciones y los patrimonios como parte esencial del desarrollo humano, reconociendo que la preservación de la memoria histórica constituye un componente estratégico para la formación integral de las familias y juventudes nicaragüenses.

En este sentido, desde la copresidencia se enfatiza de manera permanente, a través de las comunicaciones diarias en los medios nacionales, la defensa, soberanía y reconocimiento de nuestros pueblos, fortaleciendo la memoria histórica y la valoración de nuestras raíces ancestrales. En palabras de la copresidenta de Nicaragua, compañera Rosario Murillo Zambrana, «aunque seamos mestizos venimos de los pueblos originarios» (Galeano, 2022), reafirmando así la importancia de reconocer en nuestra herencia ancestral el fundamento de la identidad nacional. Asimismo, la copresidenta destaca la protección de esta identidad como un estandarte de orgullo, dignidad y soberanía al expresar que «nunca más, porque aquí estamos los pueblos libres, las culturas potentes, las lenguas sonoras, las almas libres en todos sus elementos de poder que son puntos cardinales de defensa y nuestra idiosincrasia y derecho» (Murillo Zambrana, como se citó en Galeano, 2022). De esta manera, se posiciona el rescate cultural como un eje esencial para la preservación de la memoria colectiva, la identidad nacional y la autodeterminación de los pueblos.

En la figura 1 se evidencia la relación articuladora entre la oralidad comunitaria, la memoria histórica y la identidad nacional como procesos interdependientes que fortalecen la continuidad cultural de los pueblos. A través de esta dinámica, la oralidad se constituye en el punto de partida para la transmisión de saberes, valores, relatos y experiencias colectivas; la memoria histórica organiza y preserva dichas vivencias como parte del legado común; mientras que la identidad nacional emerge como resultado del reconocimiento de las raíces ancestrales, el sentido de pertenencia y la apropiación de la historia compartida.

Figura 1.
Relación entre oralidad e identidad nacional

Nota. Elaboración propia con base en la interpretación de la oralidad comunitaria como eje articulador entre memoria histórica, fortalecimiento de la identidad nacional, protagonismo de las juventudes y continuidad cultural, en correspondencia con la Estrategia Nacional de Educación, Eje 5: Historia e Identidad Nacional, y el Plan Nacional de Lucha contra la Pobreza y para el Desarrollo Humano 2022-2026 (PNLCP-DH 2022-2026).

En este marco, la promoción de la historia, la identidad y la memoria colectiva no se limita a una evocación del pasado, sino que se proyecta como una estrategia educativa dirigida a niñas, niños y jóvenes, mediante planes de estudio, materiales formativos e iniciativas comunitarias que fortalecen el reconocimiento de las raíces históricas y culturales como base para una ciudadanía consciente, participativa y comprometida con la soberanía nacional.

Particularmente, memoria e historia comunitaria se atribuye en muchos aspectos al rol que juega la mujer como motor principal en las enseñanzas para la formación de valores en sus hijos e hijas, quienes en un futuro serán los que divulguen, mantengan, conserven, protejan, preserven y trasmitan como parte del legado generacional; de este modo, la prevalencia de todas esas tradiciones, costumbres y conocimientos culturales.

Desde esta perspectiva, la memoria comunitaria también se consolida en el núcleo familiar como primer espacio educativo, donde la transmisión oral de valores, tradiciones y costumbres fortalece la continuidad cultural. En ello, la mujer desempeña históricamente un rol protagónico como formadora intergeneracional, contribuyendo a la preservación de identidades locales y nacionales desde la cotidianidad del hogar y la comunidad.

Asimismo, la protección de los bienes naturales que forman parte de esa escena paisajística aparte de ser propios caracteriza al lugar en su conjunto; según el autor Matul (2023), en su libro Plenitud de Vida subraya la forma como la cosmovisión plantea la cuestión antropológica y preguntas desde una filosofía del saber, dejando en evidencia la profunda hermandad que entretienen con toda la realidad. Somos, de verdad, todos, hermanos y hermanas, generados de la gran Madre Tierra y por las fuerzas del universo.

En todos los tiempos de la historia y trasladándonos a los orígenes de nuestros pueblos ancestrales, es de señalar que las mujeres en su mayoría han sido las portadoras de tradiciones y conocimientos; ya que, siempre han estado pendientes o al cuidado del hogar, lo que permite la toma de decisiones familiares y al mismo tiempo se van conformando las comunitarias.

Figura 2.
Herencia y transmisión cultural indígena

Nota. Interpretación de la realidad materia e inmaterial de nuestros pueblos originarios (La Gaceta Sandinista, 2023)

La figura presentada sintetiza cómo la herencia de los pueblos originarios y sus mecanismos de transmisión cultural constituyen un sistema vivo de preservación identitaria, donde la tradición oral, las prácticas cotidianas, la espiritualidad y la relación con el territorio permiten la continuidad de saberes ancestrales. Estos elementos se articulan con las políticas educativas nacionales que promueven la historia y la identidad como ejes formativos para las nuevas generaciones.
A simple vista, la cultura como un conjunto de elementos y características propias que determinan a un pueblo, una comunidad o un lugar en sí; donde se incluyan, las costumbres, tradiciones, normas, modos o estilos de vidas de las personas, en pro de la construcción de una sociedad emergente en un mundo con personas totalmente únicas en su estilo y vivencias.

En otros aspectos, autores como Navarro (2023), hace referencia a una evidencia invaluable y en la que podemos comprender la forma en la que vivieron nuestros primeros pobladores, enfatizando en el arte rupestre considerándoles como manifestaciones, hacen parte del pensamiento, del conocimiento y de las habilidades de los antiguos habitantes. Los motivos en piedra registran vivencias y creencias, mediante técnicas de sus respectivas épocas, a falta de mensajes escritos, las representaciones en piedra son de los pocos elementos que permiten acercarnos a las ideas del pasado (Cueva, 2026).

En este sentido, tanto las expresiones materiales como inmateriales del patrimonio cultural constituyen recursos pedagógicos fundamentales para la enseñanza de la historia e identidad nacional, permitiendo que las juventudes comprendan que la memoria de los pueblos no solo se conserva en relatos orales, sino también en símbolos, territorios, arte y prácticas colectivas que narran la evolución histórica de la nación.

En tiempos de paz y victorias desde la oralidad comunitaria, el cuidado como parte de nuestro ser, un acto que provoca el ser humano, la vida en sí misma, la existencia del existente, el cuidar y cuidarnos nos da vida, permite ir revisando que parte muere si no se cuida, es un proceso y un equilibrio visto desde diferentes aspectos. «El cuidado también consiste en lo frágil, en vivir, apreciar lo que tenemos, preservar y conservar» (Boff, 2011, p. 39).

Por consiguiente, cuidar la oralidad, la memoria y la identidad cultural implica también asumir una responsabilidad educativa, ética y social orientada a preservar el patrimonio histórico de los pueblos originarios, fortaleciendo en las generaciones presentes y futuras una conciencia de pertenencia, sostenibilidad y continuidad cultural.

 

Conclusiónes

 

Desde la cosmovisión de los pueblos originarios en su conformación como grupos, la organización socioeconómica, política y cultural que poseían, han quedado como huellas grabadas e impresas en lo más indiscutible e indeleble decoro de emblema nacional y local que identifica la nación por el pasaje de esos pobladores que se reivindican en el presente, dando vida a ese legado imborrable, desde el arraigo cultural de identidad, pertenencia y pertinencia.

Cada una de las expresiones que se difunden de manera material e inmaterial y que en su conjunto forman parte de ese patrimonio cultural, se fundamenta en un fuerte bastión de sabiduría ligadas a los conocimientos heredados y aprendidos en el seno de la familia y compartidas en comunidad que posteriormente se divulgan como un todo, sintiendo, apreciando, admirando y reconociéndose propios.

El reconocimiento de la sabiduría ancestral es fundamental para fortalecer la identidad comunitaria. Las narrativas orales no solo preservan el conocimiento, sino que también fomentan un sentido de pertenencia y responsabilidad. La valorización de estos relatos con las nuevas generaciones es tarea que por cumplir de manera que las huellas impresas en las memorias cobren vida y prevalencia.

Desde los espacios educativos en Nicaragua, también se promueven iniciativas y en este sentido, se cuenta con el lanzamiento de la primera cartilla en educación intercultural en Nicaragua titulada Mi Identidad Cultural, cuyo propósito es reflexionar acerca de la identidad nacional y que forma parte de la implementación de la Estrategia Nacional de Educación en todas las modalidades educativas. Este nuevo recurso, servirá como herramienta educativa, valorando el acceso a evidencias históricas en tiempos de paz y revolución.

 

Referencias bibliográficas

 

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