Información
de artículo:
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Recibido: 20/06/2025
Aprobado: 06/05/2026
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Palabras clave: Entrevista, grupo
focal, interaccionismo simbólico,
diálogo, resignificación
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Keywords: Interview, focus group,
symbolic interactionism, dialogue,
resignification
e-ISSN: 2616-8294 / http://recsp.org
Año 6, Volumen 6, No. 1, Junio, 2023
COPYRIGHT © (RECSP). Todos los derechos reservados.
Herrera Siles, S. del C., y Flores-López, W. O. (2026). Hacia una convergencia epistemológica y metodológica: Interaccionismo simbólico, entrevista
y grupo focal. Revista Electrónica de Conocimientos, Saberes y Prácticas, 8(1), 23-38. https://doi.org/10.5377/recsp.v8i1.23441
Hacia una convergencia epistemológica y metodológica:
Interaccionismo simbólico, entrevista y grupo focal
Sorayda del Carmen Herrera Siles 1
William Oswaldo Flores-López 2
RESUMEN
La fragmentación de los métodos cualitativos limita la comprensión integral de las
dimensiones individuales y colectivas de los saberes y las prácticas comunitarias.
En este escrito se analiza cómo la convergencia entre el interaccionismo simbólico,
la entrevista y el grupo focal configura una estrategia inter-epistémica que integra
ambas dimensiones, superando dicotomías tradicionales. Se trata de una discusión
metodológica teórico-analítica, basada en una revisión crítica de la literatura, que
examina los fundamentos epistemológicos del interaccionismo simbólico y los
articula con las fases procesales de ambas técnicas. Los hallazgos evidencian que la
entrevista permite acceder a narrativas subjetivas y experiencias situadas, mientras
que el grupo focal posibilita observar la negociación colectiva de significados,
consensos, disputas y dinámicas de poder que emergen en la interacción social.
La articulación de ambas técnicas, sustentada en el interaccionismo simbólico,
integra de manera coherente las dimensiones individuales y comunitarias,
superando los abordajes unidimensionales. En conclusión, esta convergencia
constituye un andamiaje metodológico robusto que fortalece el rigor teórico y
analítico de la investigación cualitativa. Sus implicaciones prácticas apuntan a
procesos investigativos horizontales, reflexivos y éticamente situados, relevantes
en contextos multiculturales en los que se requiere reconocer la pluralidad
de racionalidades y promover una ecología de saberes, lo que contribuye a la
transformación social desde las propias comunidades.
1 Candidata a Doctora en Estudios Interculturales. Profesora Titular asociada al Departamento de Currículo de la
Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense. Email: sorayda.herrera@uraccan.edu.ni
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0808-1776
PhD Candidate in Intercultural Studies. Associate Professor in the Curriculum Department at the University of the
Autonomous Regions of the Nicaraguan Caribbean Coast.
2 Doctor en Educación. Profesor Investigador de la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe
Nicaragüense. Email: william.flores@uraccan.edu.ni ORCID: http://orcid.org/0000-0002-1016-1620
PhD in Education. Research Professor at the University of the Autonomous Regions of the Nicaraguan Caribbean Coast.
e-ISSN: 2616-8294 / https://revistas.uraccan.edu.ni/index.php/recsp/
https://doi.org/10.5377/recsp.v8i1.23441
Volumen 8, Año 8, No. 1, Enero - Junio, 2025
COPYRIGHT © (RECSP)
Hacia una convergencia epistemológica y metodológica: Interaccionismo simbólico, entrevista y grupo focal
24Volúmen 8, Año 8, No. 1, 2025. REVISTA ELECTRÓNICA DE CONOCIMIENTOS, SABERES Y PRÁCTICAS
Towards an Epistemological and Methodological Convergence:
Symbolic Interactionism, interview, and focus group
ABSTRACT
The fragmentation of qualitative methods limits a comprehensive understanding of
the individual and collective dimensions of community knowledge and practices. This
writing analyzes how the convergence of symbolic interactionism, the interview, and
the focus group shapes an inter-epistemic strategy that integrates both dimensions,
overcoming traditional dichotomies. This is a theoretical-analytical methodological
discussion, based on a critical review of the literature, examining the epistemological
foundations of symbolic interactionism and articulating them with the procedural
phases of both techniques. The findings show that the interview allows access
to subjective narratives and situated experiences, while the focus group enables
the observation of the collective negotiation of meanings, consensus, disputes,
and power dynamics emerging from social interaction. The articulation of both
techniques, grounded in symbolic interactionism, coherently integrates individual
and community dimensions, overcoming unidimensional approaches. In conclusion,
this convergence constitutes a robust methodological framework that strengthens the
theoretical and analytical rigor of qualitative research. Its practical implications point
towards horizontal, reflective, and ethically situated research processes, relevant in
multicultural contexts where it is necessary to recognize the plurality of rationalities
and promote an ecology of knowledge, contributing to social transformation from
within the communities themselves.
I. INTRODUCCIÓN
En este escrito se analiza cómo la convergencia entre el interaccionismo simbólico,
la entrevista y el grupo focal configura una estrategia inter-epistémica para comprender
los procesos de creación y resignificación de conocimientos, saberes y prácticas de los
pueblos. Sabiendo que, el pluralismo entre enfoques teóricos y técnicas metodológicas
se ha convertido en un eje central para comprender la complejidad de las interacciones
sociales y comunitarias (Carter y Fuller, 2016; Denzin y Giardina, 2024). Sin embargo,
los métodos presentan limitaciones porque abordan de manera fragmentaria las
dimensiones individuales y colectivas de los pensares, sentires, haceres y experiencias
de vida de las personas, familias, comunidades y pueblos.
Entonces, la entrevista ha sido tradicionalmente utilizada para acceder a las
narrativas individuales y a las experiencias subjetivas, no obstante, sus resultados
deben entenderse como construcciones discursivas situadas, influenciadas por la
interacción y el contexto de la investigación (Kvale y Brinkmann, 2015; Silverman,
2017). Mientras que, el grupo focal permite explorar la producción colectiva de los
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significados, evidenciando las dinámicas de liderazgo, la interacción grupal, y la
influencia del moderador en la generación de datos (Barbour, 2005; Wilkinson et al.,
2016). En este escenario, la ausencia de una convergencia y articulación metodológicas
coherentes entre ambas técnicas limita la comprensión de los procesos sociales y
comunitarios en su complejidad.
Asimismo, a pesar de que el interaccionismo simbólico ha sido reconocido como un
marco teórico clave para analizar la construcción de significados en la interacción social,
existe la necesidad de replantear su alcance frente a contextos sociales, comunitarios
y complejos (Fine, 1993; Denzin, 2001). También, Snow (2001) y Carter y Fuller (2016)
cuestionan su énfasis en el nivel micro de la interacción, destacando la importancia de
incorporar el análisis de las estructuras sociales, las relaciones de poder y las condiciones
históricas en que se producen significados. Estas críticas evidencian la necesidad de
fortalecer su articulación con enfoques metodológicos que permitan capturar, tanto
la dimensión subjetiva como la intersubjetiva de la vida social y comunitaria.
En este contexto, esta discusión metodológica, radica en la necesidad de construir
un andamiaje metodológico que supere dicotomías – como individuo/colectivo o
micro/macro– y que permita analizar los procesos de resignificación de conocimientos,
saberes y prácticas desde una perspectiva integral. La convergencia entre entrevista y
el grupo focal, sustentada en el interaccionismo simbólico, posibilita la aprehensión
simultánea de las experiencias individuales y de las dinámicas colectivas de interacción
social, permitiendo observar cómo los significados se negocian, se disputan y se
transforman en contextos socioculturales diversos (Morgan, 1997; Kitzinger, 2005;
Wilkinson et al., 2016).
Por ello, surge la pregunta de discusión metodológica: ¿De qué manera la
articulación entre el interaccionismo simbólico, la entrevista y el grupo focal permite
integrar las dimensiones individuales y colectivas de las experiencias sociales y
comunitarias, reconociendo a los participantes como agentes activos en la producción
de conocimientos, saberes y prácticas? A partir de esta interrogante, el presente
artículo propone analizar las bases teóricas y metodológicas que sustentan dicha
convergencia, contribuyendo al desarrollo de enfoques cualitativos más integradores,
críticos y coherentes con las exigencias actuales de la investigación social, intercultural
y comunitaria, particularmente en contextos multiculturales donde la generación de
conocimiento implica el reconocimiento de múltiples racionalidades y ecosistemas
de saberes (Liamputtong, 2011, Denzin y Giardina 2024).
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II. LITERATURA
Interaccionismo simbólico
El interaccionismo simbólico ha sido objeto de revisiones críticas en la literatura
sociológica actual, particularmente con su estatus epistemológico, su capacidad
explicativa y su vigencia frente a enfoques discursivos, constructivista y posmodernos.
Aunque, tradicionalmente se asocia con la construcción de significados en la interacción
social, investigadores recientes han debatido sus límites teóricos, especialmente
en relación con su agencia, estructura y discurso. Por ejemplo, la vigencia del
interaccionismo simbólico como marco analítico en contextos sociales complejos,
la sustenta Fine (1993), quien afirma que el interaccionismo sigue siendo relevante
porque permite analizar cómo los significados se producen en la vida cotidiana, pero
advierte que su énfasis en la interacción micro puede limitar la comprensión de
procesos estructurales más amplios.
También Denzin (2001) argumenta que el interaccionismo simbólico debe
replantearse desde una perspectiva interpretativa más amplia, incorporando elementos
posmodernistas y de la teoría crítica. Sabiendo que el interaccionismo clásico asumiría
que los significados emergen de la interacción, sin considerar lo suficiente las condiciones
históricas y políticas que la configuran. Desde esta posición, el análisis simbólico debe
reconocer que las interacciones se sitúan en contextos sociales que influyen en lo que
puede decirse o hacerse. Un diálogo similar, es sustentado por Snow (2001), quien
defiende la vigencia del interaccionismo simbólico, pero reconoce la necesidad de
integrarlo con enfoques sociológicos. Snow expresa que la crítica al interaccionismo
simbólico por su supuesto individualismo metodológico es parcialmente válida, aunque
señala que el propio desarrollo contemporáneo del enfoque ha incorporado el estudio
de organizaciones, movimientos sociales y estructuras institucionales. Esta postura
busca superar la oposición entre micro y macro y propone una visión más relacional.
Por su parte, Maines (2017) plantea que muchas críticas al interaccionismo simbólico
provienen de interpretaciones reduccionistas que lo limitan al estudio de la interacción
cara a cara. El autor se fundamenta en que el interaccionismo simbólico no niega la
existencia de estructuras sociales, sino que las entiende como productos de procesos
interactivos. Sin embargo, esta posición ha sido cuestionada por investigadores que
consideran que dicha explicación no logra dar cuenta de la persistencia de desigualdades
sociales que no pueden explicarse únicamente por la interacción. Aunque Carter y Fuller
(2016) proponen una reinterpretación del interaccionismo simbólico en el contexto
de la sociología actual, resaltando que el enfoque mantiene su relevancia al analizar
cómo las identidades, normas y significados se construyen en la práctica social, este
debe dialogar con enfoques como el constructivismo social y el análisis del discurso,
porque estos han desarrollado herramientas más sofisticadas para estudiar el lenguaje
y el poder de las interacciones.
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Así mismo, Dennis y Martín (2005) señalan que unos de los principales desafíos
del interaccionismo simbólico es su diversidad interna, lo que dificultad establecer una
definición única del enfoque, porque, existen versiones más fenomenológicas, más
pragmatista y más constructivistas, lo que ha generado debates sobre su coherencia
teórica. Esta pluralidad, aunque enriquecedora, también provoca críticas sobre la falta
de delimitación conceptual. Sin embargo, Prus (2015) defiende que el interaccionismo
simbólico sigue siendo una de las perspectivas más sólidas para el estudio de la
vida social, porque, permite analizar los procesos mediante los cuales las personas
interpretan situaciones, negocian significados y coordinan acciones, pero, se requiere
mayor articulación metodológica para dialogar con las exigencias actuales de los
procesos de investigación.
En síntesis, la literatura muestra que el interaccionismo simbólico continúa
siendo un marco teórico relevante, pero también debatido. Mientras algunos autores
destacan su capacidad para explicar la construcción de significados en la interacción
(Fine, 1993; Prus, 2015), otros señalan la necesidad de incorporar el análisis del poder,
la historia y las estructuras sociales (Denzin, 2001; Snow, 2001; Carter y Fuller, 2016).
Estas discusiones reflejan que el interaccionismo simbólico no constituye una teoría
cerrada, sino un campo en constante revisión, cuyo desarrollo depende de su capacidad
para dialogar con enfoques actuales de la investigación cualitativa.
Entrevista
La entrevista se define como un conversación con propósito, donde el conocimiento
no se descubre, sino que se construye activamente a través de la interacción entre
entrevistador y entrevistado (Kvale y Brinkmann, 2015), aunque, Fontana y Frey (2005)
expresan que la entrevista no pude entenderse como una relación simétrica, porque
el investigador define los objetivos y las preguntas, por ello, lo que se produce en la
entrevista no es simplemente conocimiento compartido, sino un discurso situado y
potencialmente influenciado por estructuras sociales y políticas. En cambio, Seidman
(2019) propone una definición centrada en la comprensión de la experiencia vivida,
señalando que la entrevista permite acceder a los significados que los individuos
atribuyen a sus experiencias; sin embargo, Kvale y Brinkmann (2015) cuestionan
esta concepción porque subestima el carácter interactivo y construido del discurso.
En contraste, Silverman (2017) afirma que los datos de la entrevista deben
entenderse como producciones discursivas generadas en un contexto específico, es
decir, asumir que las entrevistas reflejan fielmente la realidad social implica un error
metodológico, porque los relatos están influenciados por el contexto de la investigación,
las preguntas formuladas y las expectativas del investigador. De este modo, Silverman
(2017) cuestiona la idea de acceso directo a la experiencia (Seidman, 2019) como la
noción de co-construcción armónica (Kvale y Brinkmann, 2015).
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En síntesis, el concepto de entrevista oscila entre distintas posiciones teóricas:
como conversación constructivista (Kvale y Brinkmann, 2015), como práctica atravesada
por el poder (Fontana y Frey, 2005), como vía de acceso a la experiencia subjetiva
(Seidman, 2019) y como producción discursiva situada o contextualizada (Silverman,
2017). Estas tensiones evidencian que la entrevista no es un método neutral, sino una
práctica epistemológica contextualizada que exige una postura crítica y reflexiva por
parte del investigador.
Grupo focal
El grupo focal es una estrategia metodológica orientada a la producción de datos
a través de la interacción grupal, sin embargo, su definición ha sido objeto de debate,
particularmente en relación con el papel de la dinámica social, la construcción discursiva
y la influencia del moderador en la generación del conocimiento. En este contexto,
Morgan (1997) define el grupo focal como una técnica de investigación que utiliza
la interacción entre los participantes para generar datos que difícilmente podrían
obtenerse mediante entrevistas individuales. También, este autor, expresa que el valor
metodológico del grupo focal radica en que las opiniones se construyen colectivamente,
lo que permite observar procesos de acuerdo, desacuerdo y negociación de significados.
Esta concepción ha sido ampliamente aceptada, aunque posteriormente ha sido
problematizada por enfoques más críticos.
Por ejemplo, Krueger y Casey (2015) sostienen que el grupo focal consiste en
una discusión cuidadosamente planificada para obtener percepciones sobre un tema
específico en un ambiente permisivo y no directivo. No obstante, estos autores enfatizan
el rol del moderador como facilitador, se cuestiona la idea de que el investigador pueda
mantener una posición neutral dentro del proceso, señalando que la selección de las
preguntas, la conducción de la discusión y la interpretación influyen en los resultados.
En esta línea, Kroll et al. (2007), argumentan que el grupo focal no debe entenderse
únicamente como una técnica para recolectar opiniones, sino como un espacio de
producción discursiva colectiva, en el que los participantes construyen significados
en relación con las normas sociales, ambientales, identidades y contextos culturales.
Desde esta perspectiva, los datos generados no representan solo lo que las personas
piensan, creen, viven y sienten, sino también lo que pueden decir en una situación
social específica. Esta postura cuestiona la visión más pragmática de Morgan (1997),
al enfatizar que la interacción del grupo focal no solo revela opiniones, sino que
también las configura.
Desde esta perspectiva, Kitzinger (2005) sostiene que el principal aporte del
grupo focal es permitir el análisis de los procesos mediante los cuales se forman las
interpretaciones sociales. La autora señala que, a diferencia de la entrevista individual,
el grupo focal muestra cómo las personas responden a las ideas de los demás, lo
que permite analizar la construcción social del conocimiento. Aunque, esta ventaja
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metodológica, también implica limitaciones, porque las dinámicas de poder dentro del
grupo pueden influir en quién habla, qué se dice y qué se silencia. También, Wilkinson
et al. (2016) señalan que los grupos focales deben analizarse como interacciones situadas
o contextualizadas, en las que los participantes negocian significados en función del
contexto, la identidad y la relación con el investigador. Esta autora critica la tendencia a
tratar los datos como si fueran opiniones individuales agregadas, argumentando que el
análisis debe centrarse en la conversación como proceso social. Este posicionamiento,
se aproxima a los enfoques discursivos que cuestionan la idea de que el grupo focal
proporcione acceso directo a la realidad de los participantes.
Asimismo, Liamputtong (2011) advierte que los grupos focales están atravesados
por factores culturales, sociales y de género que influyen en la interacción. En
consecuencia, la producción de datos no puede separarse del contexto en el que se
desarrolla la discusión, lo que obliga a adoptar una postura reflexiva sobre el rol del
investigador y las condiciones de la investigación. Esta línea de trabajo coincide con
Denzin y Giardina (2024), quienes consideran que los métodos cualitativos, incluido
el grupo focal, deben entenderse como prácticas interpretativas contextualizadas,
más que como técnicas neutrales. También, Hydén y Bülow (2003) plantean que los
grupos focales deben entenderse como eventos narrativos, en los que los participantes
construyen relatos en relación con los demás. Desde esta perspectiva, el significado
no reside en la opinión individual, sino en el proceso narrativo que emerge en la
interacción. Esta postura refuerza la idea de que el grupo focal no es un medio neutral
para la recolección de datos, sino un contexto en el que se producen formas específicas
de discurso.
En definitiva, el concepto de grupo focal oscila entre distintas posiciones teóricas:
como técnica para generar datos mediante la interacción (Morgan, 1997; Krueger y
Casey, 2015), como construcción discursiva colectiva (Kroll et al., 2007; Kitzinger,
2005), como interacción situada y contextual (Wilkinson et al., 2016) y como práctica
interpretativa influida por condiciones sociales y culturales (Liamputtong, 2011; Denzin
y Giardina, 2024). Estas perspectivas coinciden en que el grupo focal no puede reducirse
a un procedimiento técnico, sino que constituye un proceso social complejo en el que
el conocimiento se produce a través de la interacción, el contexto y las relaciones de
poder (Hydén y Bülow, 2003). En conclusión, este debate evidencia que el uso del
grupo focal exige una postura epistemológica explícita, ya que la interpretación de
los datos depende de si se asume que las respuestas reflejan experiencias previas o
se construyen en el propio proceso de interacción.
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III. DISCUSIÓN METODOLÓGICA
El pluralismo metodológico entre la entrevista y el grupo focal se configura
como una estrategia analítica de carácter inter-epistémico que trasciende la
complementariedad. Dicha convergencia posibilita la aprehensión simultánea de
las dimensiones subjetivas e intersubjetivas de los significados —tanto individuales
como colectivamente compartidos—, al tiempo que habilita la problematización de los
procesos de negociación, resistencia y transformación que emergen en la interacción
social y comunitaria. Desde esta perspectiva, se reconoce a los participantes como
agentes epistémicos, cuyos conocimientos, saberes y prácticas son resignificados
continuamente en tejidos relacionales por las dinámicas comunitarias. A continuación,
se proponen los procesos metodológicos de la entrevista y del grupo focal desde la
perspectiva del interaccionismo simbólico.
Proceso metodológico de la entrevista
La entrevista se desarrolla como una técnica de producción de información
orientada a comprender los significados, experiencias y prácticas sociales construidas
por los sujetos en contextos multiculturales, reconociendo la interacción entre
cultura, género, territorio, comunidad y pueblo. Desde el enfoque interpretativo, la
entrevista no se concibe como un simple instrumento de recolección de datos, sino
como un proceso relacional de construcción de sentidos, donde el conocimiento
emerge en la interacción entre investigadores e interlocutores, en coherencia con los
planteamientos del interaccionismo simbólico, que sostiene que los significados se
producen y transforman en la interacción social (Blumer, 1969). En este contexto, el
proceso metodológico de la entrevista se puede desarrollar en las fases que se muestran
en la Figura siguiente:
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Figura 1
Proceso metodológico de la entrevista
Fuente: Elaboración propia.
La preparación contextual incluye la revisión documental, la observación
preliminar y el acercamiento a las comunidades, con el fin de comprender las dinámicas
socioculturales, las estructuras organizativas y las normas de interacción vigentes.
Asumiendo, las recomendaciones de Charmaz (2014), esta etapa facilita situar las
preguntas de investigación en el contexto de vida de las personas, familias, comunidad
y pueblos participantes, evitando formulaciones abstractas o descontextualizadas.
La consulta y el consentimiento previos e informados se deben realizar a nivel
individual y comunitario. El consentimiento no se limita a la firma de un documento, sino
que implica la presentación del estudio ante autoridades comunitarias, y organizaciones
locales, respetando los procedimientos propios de la toma de decisiones colectivas. Este
procedimiento se adhiere a los principios de ética relacional y reciprocidad planteados
por Smith (2016), quien sostiene que la investigación debe establecer acuerdos claros
con las comunidades y garantizar que los resultados contribuyan a sus procesos sociales.
La construcción de la guía de entrevista debe facilitar la flexibilidad para profundizar
en los significados emergentes durante el diálogo. Las preguntas se formulan en lenguaje
accesible, evitando categorías técnicas o imposiciones conceptuales y privilegiando
preguntas abiertas orientadas a la narración de experiencias, vivencias, prácticas y
saberes. La entrevista debe facilitar la producción de conocimientos, saberes y prácticas
contextuales de las personas, familias, comunidades y pueblos participantes, para que
expresen sus interpretaciones desde su propio marco de diversidad cultural (Kvale y
Brinkmann 2015).